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(IN) GOBERNABILIDAD E (IN) CERTIDUMBRES

Podría sonar a tópico si rememoro todo lo que ha pasado en este 2016, pero es más que necesario no correr de puntillas y analizar lo que ha pasado (sin entrar en numerosos detalles) a todos los niveles y supraniveles. Dicen que los años bisiestos son complicados y este año quizás sea un ejemplo claro que se resume en la frase hecha: “nadar a contracorriente”.

La esfera política ha estado repleta de segregaciones, rupturas, desacuerdos (que en algunos casos han desembocado en acuerdos), así como diferencias esenciales que han perpetuado el orden normal de las cosas. Si miramos al exterior, todo el mundo ha estado viviendo bajo el miedo de la amenaza terrorista del yihadismo. Este terrorismo ya ha atacado el corazón de Occidente con atentados en Bruselas, Orlando, Niza o Berlín.

Claro que si algo nos ha mantenido preocupados también es la situación que se respira en Europa, tanto a nivel político como social. Todo ello desencadenante del odio amasado en las filas yihadistas, la ruptura a todos los niveles del Brexit y, por supuesto, la crisis de los refugiados y el mal que sufren todos los que mueren en el Mediterráneo.

Europa se ha visto obligada a renovarse, o al menos, esa es la sensación que muestra. Sin embargo, los acontecimientos sucedidos dificultan este proceso. Por un lado, se abren interrogantes tras la consulta popular británica en la que se decidió que Reino Unido dejaría de estar en la Unión Europea. Todavía no se han registrado demasiadas consecuencias de esta decisión, pero probablemente en este nuevo 2017, crecerá la incertidumbre.

De otro lado, tal y como recoge el Informe CEAR sobre la crisis de los refugiados, “durante el último año, miles de europeos nos hemos movilizado para exigir a la Unión Europea y a los gobiernos de los estados miembros que desplieguen, de una vez por todas, una verdadera política de acogida, una política de asilo inspirada en los valores y principios que la UE reconoce como fundacionales”.

Asimismo, el informe también apunta a que mientras tanto, “se extiende la amenaza de la xenofobia y el racismo, y así lo prueban el ascenso sostenido de la ultraderecha en Francia, Bélgica o Austria o la severa involución de las políticas de asilo en Hungría”. De esta forma, Europa cada vez está más dividida, radicalizada y con revoluciones en las calles a diario. Todo ello sin entrar en la crisis política interna que se respira en Italia o Francia.

De Europa viajamos al otro lado del océano Atlántico, allí donde el sueño americano cada vez se diluye más entre promesas y populismos, con una realidad que cada día supera más a la ficción y que con el nuevo mandatario norteamericano, Donald Trump, puede acabar por desaparecer. Medidas como levantar un muro en la frontera con México, la prohibición de los musulmanes, el derecho a portar armas de fuego u otras medidas antiinmigración son algunas de las polémicas que se sirven para el próximo año nuevo.

Del norte al sur, nos encontramos con las protestas multitudinarias de Brasil, tal y como recoge el último artículo especial de EL PAÍS, o algunos casos de corrupción como los que se le imputan a la ex presidenta de Argentina, Critina Kirchner. No obstante, si algo ha tenido recorrido en este 2016 ha sido la muerte del militar, revolucionario y político cubano, Fidel Castro; una muerte que ha traspasado fronteras.

Y si algo tienen en común América latina y Europa quizás sean esos procesos ciudadanos que se han llevado a cabo durante los últimos meses. Primero ha sido el Brexit, luego le ha seguido el referéndum en Colombia para acordar la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que ha salido negativo con un 50,21%, así como finalmente se ha preguntado en Italia sobre una posible reforma de la Constitución, donde el ‘no’ se ha impuesto con el 60% de los votos.

Finalmente, todos los procesos han desembocado en dimisiones políticas como la del primer ministro británico, David Cameron, o el primer ministro italiano, Matteo Renzi. Sin embargo, en el caso de Colombia, más lejos de su dimisión, paradojicamente, el presidente Juan Manuel Santos, ha recibido el Nobel de la Paz.

Pero llegamos a España, donde a diferencia del resto del mundo, probablemente sobresalga por el inmovilismo político y la falta de entendimiento durante este año; si bien tiene en común muchas variables con el restos de países como la corrupción, la amenaza terrorista o la crisis de los refugiados. Tanto es así que este año ha estado marcado por los 315 días sin Gobierno, con dos elecciones de por medio y con todos los interrogantes sobre la mesa.

Con respecto a la política española hay mucho para debatir. Por un lado, está la ingobernabilidad de aquellos que no se ponen de acuerdo por el bien y la estabilidad de un país, quienes han sumado diferencias y contradiciones durante más de 300 días. Este panorama ha causado, por otro lado, la ingobernabilidad interna en partidos tradicionales como el PSOE y otros, que posteriomente, se han disputado la autoridad como es el caso de Podemos.

No es casual esta crisis del PSOE en donde hace mucho se atisbaban rencores y falsos amigos, en donde desde hace mucho se hablaba de la mala relación entre la presidenta andaluza, Susana Díaz, y el ex secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, así como de las intenciones de la sevillana para la conquista de poder nacional. Algo que cada día está más presente y que en este nuevo 2017 descubriremos cuál es la conquista socialista en las primarias del partido.

Y al igual que ha pasado en un partido tradicional, parece que los que venían con un nuevo lenguaje y un discurso renovado en contra de la casta, también han sucumbido a las presiones de estar en el punto de mira y, sobre todo, en la oposición de lo que en sus menten veían como una victoria de la democracia y de las calles. Sin embargo, no ganar las elecciones, no ser influyentes en las negociaciones y no ganar la Vicepresidencia parece que en Podemos ha hecho ‘mella’. Esto se ha visto en la disputa de liderazgo en Andalucía con tres candidaturas (finalmente ganadora Teresa Rodríguez) o en Madrid con el contínuo pulso Pablista-Errejonista.

En fin, el año ha dado para mucho. Todo esto sin hablar de la gestión pasiva del PP en el Gobierno en funciones y los nuevos ministros, de las nuevas reformas aprobadas en el Congreso, del desempleo, de los grandes casos de corrupción españoles en los banquillos o del independentismo catalán, entre otras cuestiones. Al igual que también ha sido un año repleto de fallecimientos de personalidades en el mundo político, cultural y social.

Y después de todo, lo único que es previsible para este 2017 es que quedan muchos interrogantes relacionados con el terrorismo, la inmigración, la corrupción, el cambio climático, la situación europea y las políticas exteriores de EE.UU, Rusia, Medio Oriente y Europa. Este es el legado que nos queda del 2016 y como ya apuntaban muchos personajes históricos: “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Un gran deseo para este 2017.

OPINIONES

Microcuento III

Son días. En los que todo cambia. Todo se aleja. Todo se calma. O quizás nada haya cambiado en realidad. Igual todo estaba así desde el principio y fue la mente quien se transportó a otra realidad. Mismos lugares. Transeúntes en todas partes. Nuevos tiempos. Quizás no es el momento de preguntarse nada. Quizás la clave estaba en cambiar de perspectiva, aprender a mirar de una vez por todas. Sentir con fuerza lo que tanto anhelaba. Ansiar el cambio, romper las normas o cambiar las piezas del puzzle. Quizás eso es todo. Solo cuestión de vivir el momento. De no pensar ni preguntar. De afirmar en presente y reír al futuro. De dejar de conjugar el pasado y el presente. De vivir al fin y al cabo.

OPINIONES

La eternidad de los veintitantos en el mercado laboral

¿Nunca habéis oído hablar de esa generación que sale de la Universidad y se encuentra atrapada en los entresijos del mercado laboral? ¿De esa generación que pensaba que cambiaría el mundo tras acabar la carrera y que no sería como otros compañeros de profesión? Seguro que sí, porque todos de algún modo u otro la hemos conocido o vivido en primera persona.

Es una generación frustrada. No importa que sea hace diez años o en la actualidad cuando ha finalizado sus estudios. Todos han pasado por ese mismo duelo, esa crisis personal y rofesional. Todos se han encontrado en un limbo, sin saber hacia dónde ir, qué esperar o cómo actuar. Un limbo entre el estudiante y el trabajador, entre el joven y el adulto. Un momento en el que personalmente parece que has cruzado la barrera hacia la responsabilidad del adulto, pero en el que profesionalmente apareces cómo un joven recién titulado que sólo aspira a ser becario –a pesar de tener experiencia y formación-. La eternidad de los veintitantos en el mercado laboral.

A menudo escucho los mismos sentimientos en amigos o conocidos. La generación más preparada y la más frustrada, la más emprendedora y la que tiene el futuro más incierto, la menos valorada y la peor pagada.

Te preparas durante años para terminar una carrera, estudias idiomas, haces un máster o un posgrado e incluso inviertes en diferentes cursos que pueden ayudar a ampliar el abanico de posibilidades. Empiezas a echar currículos y crees que en unos días te llamarán para una entrevista y, en poco tiempo, tendrás trabajo. Pero la realidad supera a la ficción. Nada es como parece.

Hace un tiempo leí un artículo cuyo título decía: “soy joven y estoy triste, ¿qué me pasa?”. Y lo gracioso de todo es que muchos quieren hacernos ver que esta situación se ha desencadenado porque aspiramos a puestos de responsabilidad que no nos corresponden, y oigan, la cualificación académica está ahí, otra cosa es que el mercado laboral no ofrezca alternativas para cubrir las nuevas demandas profesionales.

Quizás sea una época de desánimo, frustración e impotencia. Y probablemente hasta que no mejoren las condiciones en el terreno profesional, sigamos arrastrando lastres sin necesidad. Pero sí en algo estoy de acuerdo es que “querer adelantar la hora de los éxitos, nunca fue una buena opción”, lo cual no quiere decir que no estemos cualificados para ciertos puestos y que nunca nos conformemos con nada.

Lo que sí es cierto, y aquí todos coincidiremos, es que a menudo vivimos en otro tiempo, siempre pensando en el futuro y nunca disfrutando del presente. Por eso, a pesar de que el mercado laboral no nos ofrece las mejores opciones, deberíamos buscar la inspiración en cualquier palabra, un café a media tarde, una conversación telefónica o incluso un texto que querías escribir hace tiempo.

Pase lo que pase, tenemos que tener presentes que “no hay casualidad, hay oportunidad”. Y ante esto, no deberíamos dejar pasar ningún tren por muy lejos que esté y las circunstancias no sean las más idóneas. Nunca encontraremos un trabajo a nuestra medida y nada en esta vida será cómo lo habíamos soñado. A veces no hay felicidad absoluta, pero si satisfacción. Y sobre todo, cuando nada es seguro, todo es posible.

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Corazón moco.

Originalmente publicado en Palabra de Risto:
Artículo publicado el domingo, 7 de Febrero de 2016, en ElPeriódico.com. Il·lustració per Leonard Beard. “Poco se habla de lo que realmente importa. Poco se habla en general. Y encima, cuando lo hacemos, seguimos hablando de sentimientos como se hacía cuando no estaba bien hablar de sentimientos. Evolucionan las…

OPINIONES

Microcuento II

La misma canción sonaba de nuevo en el fondo del bar. Parecía que estaba en modo bucle o tal vez en aleatorio.
Lo cierto es que cada vez que ella la escuchaba, algo le inquietaba por dentro. Todo se volvía más sólido, pero también mucho más frágil.
Quizás el problema no fuese esa canción, sino esa forma de cantarla.

ACTUALIDAD

La burbuja de la decepción

Es curioso cómo el transcurro de un año puede cambiarnos el devenir diario. Y sino que se lo digan a Podemos. Esta formación política surge con un ideario izquierdista más posicionado al extremo, intentando romper con todo lo anterior, con este binomio PP-PSOE. Sin embargo, a medida que avanza el tiempo y los acontecimientos, Pablo… Sigue leyendo La burbuja de la decepción

OPINIONES

Compañero incondicional

Siempre te acompañaré cuando me necesites. También cuando no lo hagas.
Recuerda que tú solo no puedes darte cuenta de lo que ocurre a tu alrededor. Que a veces es necesario vivir entre las cuerdas para entenderlo todo mucho mejor.
Tu inquietud, desarraigo y noches de insomnio pensando son fruto de mi trabajo.
Quizás hoy no lo valores, pero mañana comprenderás mis decisiones.

Fdo. El miedo